Viajé a una finca bananera y esto fue lo que descubrí

La luz del celular iluminó la habitación como si se tratara de un estadio de Fútbol. 

Confundida miré el reloj, eran las 3 de la mañana. 

Tomé el celular y me di cuenta que tenía varios mensajes de mi jefe que preguntaba por mi. 

Me tomó unos segundos darme cuenta que había llegado el día y que además ya era tarde para llegar al aeropuerto. 

Desde hace meses había planeado un viaje a los parajes más recónditos de la costa colombiana para ir a las fincas bananeras,  y conocer aquellas personas encargadas de coordinar el envío de los bananos hacia Santa Marta para que luego sean exportados a todo el mundo. 

Tan rápido como pude me arreglé y salí para el aeropuerto. 

A las 9 de la mañana el piloto me daba la bienvenida al aeropuerto internacional Simón Bolívar de Santa Marta. 

Al salir del aeropuerto la brisa cálida y el olor a mar me recibieron, junto con Oscar, quien tenía la misión de llevarme desde el aeropuerto hasta una finca bananera, a 32 km de Santa Marta, oculta entre manglares y ciénagas infinitas. 

Al llegar allí conocí a Elber, administrador de la finca quien me dio un recorrido por la propiedad y me mostró muy orgulloso el proceso mediante el cual toneladas de banano de su finca llegan a mesas de todo el mundo.

En ese momento sonó su celular con un mensaje de la comercializadora de Bananos, avisando que el container en el que transportaría la tonelada de banano del día llegaría en media hora.

Lo seguí para asegurarnos de que todo estaba listo para cuando el camión con el container llegara, y poco tiempo después volvió a sonar su celular. Esta vez le notificaban que el camión había tenido un problema en la vía y se demoría media hora más de lo esperado. 

Parece magia este sistema que me avisa donde viene el container y si algo pasa…

No pude contener una sonrisa.

Esa “magia” de la que Elber habla era en realidad el motivo por el cual me encontraba con él en la finca. 

Mientras para Elber el conocer dónde viene su container parece un acto de magia, yo se que lejos de ser magia, es tecnología de punta, distribuida en cada paso del proceso desde que sale el container de la comercializadora en Santa Marta, pasando por las cientos de fincas hasta regresar a Santa Marta, donde el banano es descargado y distribuido o preparado para su exportación.

Para mi esa magia se llama Twnel

Mientras nos sentamos un rato a esperar el container, muy emocionado Elber me comentó que antes se preocupaban mucho por no saber dónde venía el container. 

A veces llegaba antes de lo esperado y los conductores del camión se enojaban, pues debían esperar en la finca más tiempo del esperado.

Si por el contrario llegaba tarde, corrían el riesgo de perder parte de la cosecha, dado que  el banano al sol se daña, y a la finca le pagan en razón de la calidad del banano y su peso. 

“Hace poco la empresa comercializadora de bananos nos dio esta herramienta”

Mostrándome su celular abrió la app de Twnel y me mostró algunas de las cosas que podía hacer con Twnel. 

“Si presiono este botón en la pantalla me dicen al instante cuánto le falta al container para llegar y si presiono este otro, le puedo decir a los encargados en Santa Marta que hubo un cambio en la cantidad de banano que vamos a mandarles”.

En ese momento, llegó el camión con el container que llevaría los bananos hasta Santa Marta. 

Luego de ver como realizaban todo el cargue, entre Elber y otros trabajadores de la finca, entendí la importancia de la solución que el equipo de Twnel había construido. 

Siempre hablamos de cómo estamos empoderando a los usuarios móviles con Twnel, pero en ese momento lo estaba viviendo. 

El conductor había podido avisarle a la comercializadora, mientras estaba en ruta, que se demoraría; y así mismo, Elber y su equipo fueron informados en tiempo real para evitar desperdicios, y porqué no, un descuento en sus pagos al fin del mes.

Cuando el camión finalmente salió rumbo a Santa Marta, vi mi reloj y me dí cuenta que ya debía llamar a Oscar para poder llegar al Aeropuerto y tomar el vuelo de regreso a casa. 

Antes de irme, le pregunté a Elber si le recomendaría a otros administradores de finca el uso de Twnel. 

Al fin de al cabo a eso había viajado, pero entre tantas historias interesantes lo había olvidado. 

Sin dudarlo, me respondió que sí. Como normalmente este tipo de estudios se realizan preguntando en una escala del 1 al 10 siendo el 10 mejor puntaje, repetí la pregunta. 

10, me respondió sin dudarlo una vez más. 

“La herramienta no solo mejoró nuestra coordinación con la llegada de los containers sino que ahora tenemos una línea directa con la comercializadora de bananos y tenemos una mejor relación con ellos”. 

Con esa frase en mi cabeza me fuí feliz. 

Me subí al avión encantada de poder seguir contando historias como esta. La misión de Twnel ya no solo es una frase escrita en una página web, la estaba viviendo. 

Había visto como Twnel empoderó a cientos de  conductores, tenderos, mercaderistas, y ahora aliados de fincas bananeras. 

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